The New York City
¡Bienvenido a New York! ¿Siempre quisiste vivir en la Gran Manzana? ¿Si? Bueno, no podemos regalarte un viaje ni una casa allí, pero podemos ofrecerte una nueva experiencia en nuestra pequeña ciudad. No lo dudes y ¡únete!
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

La mayor cantidad de usuarios en línea fue 67 el Lun Ago 08, 2016 11:58 pm.
Últimos temas
» The Girl Almighty; Ivy Rose
Miér Ene 18, 2017 10:39 pm por Invitado

» ¡Wildlife Sanctuary busca!
Miér Ene 18, 2017 10:21 pm por Invitado

» Artistas, Abogados, cualquier puesto puede ser tuyo ∞/∞
Miér Ene 18, 2017 6:14 am por Invitado

» Programa para proteger arcoiris [tramas Nuevas]
Mar Ene 17, 2017 9:32 pm por Invitado

» Las tramas del lobo #Fenris. (Varios)
Mar Ene 17, 2017 7:52 pm por Invitado

» Tramas de una yonki
Mar Ene 17, 2017 6:45 pm por Invitado

» Nihon ryōri
Mar Ene 17, 2017 4:24 am por Invitado

» Ofrezco tramas...tramitas...No se arrepentirán de pasar a verlas
Mar Ene 17, 2017 4:18 am por Invitado

» Shut up and dance with me ► Tatuadores, clientes & tramas
Lun Ene 16, 2017 3:41 pm por Invitado

» Diamond Days are gone {Búsqueda de tramas}
Lun Ene 16, 2017 9:11 am por Invitado

Nuestros afiliados
ΞHermanosΞ

ΞSourcesΞ
ΞEliteΞ
Salón de la fama
Nació en la ciudad de New York, con descendencia inglesa por parte de ambos padres quienes se dedicaban al narcotrafico. Sus padres se vieron obligados a dejar Londres gracias a que sus cabezas tenían precio; ambos pensaron que en New York estarían a salvo , consiguieron nuevas y viejas amistades, se hicieron un lugar entre las mafias de la ciudad, hasta que un día, nueve años después sus enemigos finalmente los encontraron. Irrumpieron en la residencia de los Ripper y armaron un baño de sangre del que nadie salio vivo, nadie a excepción de Derek quien se mantuvo escondido mientras la ayuda llegaba. Antes de que se armara todo el escándalo por el baño de sangre, los hombres de un viejo amigo de los Ripper llegaron al lugar, rescataron a Derek y lo llevaron a Corvinus, un viejo mafioso retirado que a partir de ese momento se hizo cargo de Derek. Lo educo con métodos poco usuales, educación solo en casa, torturas, castigos, golpes que fueron llenando poco a poco el cuerpo de Derek con todas las cicatrices que tiene hoy en día bajo los tatuajes de su piel. Siempre vio a Corvinus como su segundo padre, pensando en que todo lo que le hacía era por su bien, nunca tomo rencor contra él. En el tiempo de su estadía con Corvinus conoció a Dimitri, él que se convertiría en su mejor amigo casi hermano y con quien años después, a la edad de 19 años se marcharía para probar fortuna por su propia cuenta, sin la ayuda de Corvinus. Fueron años los que le costaron para escalar escalón por escalón para llegar a la cima. Hizo cosas inhumanas para lograr sus objetivos, paso por encima de quien hiciera falta para conseguirse el respeto de sus enemigos y de todo aquel que siquiera escuchara su nombre y 5 años más tarde se convirtió en uno de los narcotraficantes más conocidos en New York y más buscados por la policía.
Líder Mafioso
Derek W. Ripper
Nació en California gracias a un accidente de una noche, motivo por el cual en su infancia se vio reflejado el poco apego por parte de sus padres, sobretodo por el lado de su progenitor. En la misma época, se vio desplazado por la presencia de su hermano menor que pareció ser la solución a todos los problemas que la familia presentaba. De tal manera, se crió casi por su cuenta de forma inestable, llegando a crear conceptos bastante errados y desconcertantes acerca de la vida misma. A los dieciocho años, abandonó su hogar para entregarse a las calles, donde se dedicó a vender droga para costearse la carrera de arquitectura en la universidad. A pesar de haberse graduado, nunca llegó a ejercer, pues durante el trayecto descubrió la gran pasión que sentía por la mezcla y las bebidas. Empezó específicamente a los veintitrés como conserje en un bar de mala muerte, lugar en el que se dedicó a observar la manera en la que los que atendían la barra se desplazaban para luego copiar sus movimientos en sus horas libres. Fue avanzando así hasta adquirir experiencia en el asunto y acabar recorriendo medio país con el único fin de ganar reconocimiento, acabando por ser el favorito de uno o más empresarios exitosos. A la edad de treinta y cinco, decidió establecerse en New York donde su carrera alcanzó el apogeo al ser ascendido a gerente del bar en el que trabajaba, obteniendo así la preferencia de las grandes estrellas de la ciudad y además, al ganar el World Class que lo coronó como el mejor barman del mundo.
Bartender World Class
Boris Dixon
Ivy Rose nació la noche caótica del fin de milenio en un hospital del Bronx, en una sala llena de gente, junto a una anciana que moría y de la cual, por un error, tomó su nombre. Nació adicta y su madre la abandonó ahí mismo. A los seis meses salió de rehabilitación por heroína solamente para ser encerrada de nuevo en uno de los tantos MAC de la ciudad de New York. A los ocho años forma parte de un programa de integración al arte, decantándose por el ballet, mismo que practica hasta ahora y para el cual tiene bastante habilidad. A los doce es adoptada por una pareja de artistas de éxito que la hacen conocer el mundo exterior, lo caótico y hermoso que puede ser, lo brutal también pues, después de adaptarse y amarlos, se lo arrebatan todo de golpe. Su madre adoptiva se suicida dos años después y su marido la sigue un año después. Ahí comienza la caída libre para Ivy quien a los quince era alcohólica y comenzaba con otro tipo de drogas; convencida de que su paso por el mundo sería breve, Ivy Rose comenzó a dar pasos gigantescos, comienza a querer vivir y experimentar de todo hasta que se da cuenta que no puede, porque algo dentro de ella se apagó cuando se dio la primera línea de coca y llegó a un hogar vacío. Es en ese mismo año que conoce a su mejor amigo con el que tendrá una experiencia demasiado grave la cual la hace reconsiderar un poco su vida, anesteciada de emociones, entra en rehabilitación, se llena de trabajos, retoma la escuela y conoce a Felicia. De marzo a mayo trabaja como Bella Durmiente, un servicio de chicas para hombres acaudalados en donde conoce a Nando Morelli, el hombre que le torcería la vida de nuevo al iniciar una relación por demás ílicita. Recae en las drogas y desciende más hacia el abismo hasta tomar una escala, un coma a causa de una sobredosis. Nando desaparece de su vida y ella sigue cayendo. Son los Peyton quienes colocan una red de contención y la detienen adoptándola al conocer su historia, es con ellos con quienes conoce lo que es tener una familia y una vida digna. Morelli reaparece en su vida, limpio y amándola y es él la parte más rota de su vida por la cual entra más luz a su interior. Después de caer por fin en el abismo y darse cuenta que lo que había ahí abajo era ella misma en su total realidad, Ivy Rose decidió comenzar a subir, paso a paso, tomando la mano de los que la rodean y quieren verla bien, de los que la apoyan. Una oportunidad única en la vida llega gracias a alguien que ella desconoce y su rumbo toma otra dirección, lejos de la ciudad, tomando un lugar por el cual, siempre en su vida, tendrá que luchar con uñas y dientes por mantener. Ha fijado residencia en Covent Garden, Londres, viajando a New York cuando puede, aunque no sean muchas ocasiones porque tiene demasiadas cosas que hacer, Academia, colegio, pareja, mantener la popularidad que gracias a su personalidad y escándalos (su relación ilícita, aunque legal en Londres, ahora es pública) ha obtenido… Intentando salvarse de ella misma cada día, pero intentando sobrellevarlo todo con una enorme sonrisa y con el orgullo y la arrogancia que la caracteriza.
High School Queen
Ivy Rose Hathaway
Nacido en Queens, Nueva York de madre inmigrante. Lo poco que Lucas ha conocido de su verdadera madre es que era mexicana y que murió al darle a luz, muchos rumores sobre su madre biológica le han confirmado que probablemente su padre era un mafioso muy influyente, sin embargo esos rumores nunca fueron confirmados y después de todo eso fueron. Adoptado por una pareja que jamás tuvo la dicha de formar su propia familia, sin embargo al ver al pequeño bebé de inmediato comenzaron los trámites para adoptarlo y terminaron por ponerle Lucas Earle. Su padre un policía de Queens le enseñó cada una de las cosas que hoy en día aplica. Cuando aplicó a la academia, pronto destacó entre sus demás compañeros, sus jefes pronto notaron que aquel joven tenía una vocación que una profesión de ser policía, lo recomendaron para que fuera a la Interpol en Londres donde pasó un tiempo y de inmediato fue asignado a Nueva York como policía encubierto, pronto conoció a la que se convertiría en una de sus mejores amigas y madre de sus hijos. El tiempo con la Interpol término cuando la CIA comenzó a ofrecerle un puesto como agente, pero Lucas decidió rechazarlo. No fue que hace dos meses que estuvo como agente de la CIA y después de terminar un caso enorme de trata de personas con toda su red, sufrió un accidente que dañó parte de su cerebro, actualmente rige como Jefe de Fuerzas Tácticas, puesto que sus amigos y compañeros no dudaron en recomendarlo por su enorme esfuerzo y porque realmente es un policía de campo con ese toque de saber cómo piensa una mente criminal.
Jefe de Fuerzas Tácticas de la CIA
Lucas Earle
Nació una tarde de Agosto en Seattle. Hija del dueño de una fábrica de vidrios y una abogada fue la adoración. Segunda y última hija del complicado matrimonio Peyton, fue la bebe que se suponía salvaría el matrimonio pero no pudo ser, las disputas ganaron la batalla a la familia y terminaron divorciándose cuando Isabella no cumplía un año de nacida. Ambas niñas se fueron con su madre quien dejo su crianza en mano de sus abuelos por lo que ambas fueron enseñadas con los mismos principios con los que sus abuelos criaron a sus hijos. Isabella siempre hablaba y pedía tener acercamientos con su padre quien las visitaba pocas veces en Seattle, aun así en ella nació una afición por el vidrio que pronto le terminaría haciendo descubrir el arte en él. A medida que fueron creciendo Lucy se alejaba más de Isabella quien siempre quedaba detrás gracias a su edad, para cuando Lucy cumplió dieciocho años ya no estaba presente en la vida de su hermana menor quien con trece años quedo a la merced de los juegos de sus primos menores. A pesar de que el malestar por la actitud de Lucy la afligía su adolescencia no estuvo llena de únicamente momentos tristes, sus primos le enseñaron a adorar aquellas costumbres de la ciudad que finalmente despertaron su interés, los próximos años los paso entre juegos de fútbol americano, reuniones con sus amigos de escuela y el estudio del vidrio y los grandes murales que llenaban de colores las iglesias y daban al sol una bienvenida feliz todo los días. Su padre comenzó a mostrar más interés por acercarse cuando Isabella tenía 15 años, la joven no puso contras al interés de su padre, ella quería estar presente en la fabricación del vidrio desde cerca, quería convertirse en una artista que pudiese moldear figuras fantásticas y brillantes, por ese motivo acepto que su padre la llevara de paseo a Nueva York de vez en cuando donde paso muchas horas en su fábrica, aprendió a calentar vidrio y darle formas, a tallarlo y pintarlo, su padre dio riendas sueltas y fueron los años más maravillosos de su vida. Entre aviones y viajes llego a la universidad de Boston donde estudio Artes modernas. Con 23 años tenía una carrera prometedora, por lo que se mudó a Nueva York donde con ayuda de su padre comenzaría a dibujar el nuevo destino como artista dejando a un lado cualquier sentimiento que le hiciera sentir culpable de nuevo. En La ciudad del pecado conoció a su mejor amigo quien más adelante se convertiría en el padre de sus dos hijas. Después de haber tenido en mente una colección formada por cuadros cuya pintura se vería mezclada con pedazos de vidrios de colores, se atrevió a realizarla y enviarla a Italia para que fuese publicada en una galería en crecimiento que celebró una gala para críticos exigentes. Sus cuadros fueron un éxito total. Uno de ellos se comenzó a exhibir en una famosa galería donde solo los grandes artistas exponen sus obras. Después de ese día Isabella fue reconocida por periódicos locales Como una gran artista en el arte del vidrio y se hizo famosa a nivel mundial. Sus cuadros ahora son valorados por grandes cantidades de dinero y tiene muchos pedidos de clientes exigentes y conocedores.
Artista Vidriera
Isabella Peyton
Un 18 de Octubre de 1990 nacería una rubia dispuesta a comerse el mundo. Elisabeth Angelica Maier se trataba de la hija de Michael Maier y Arabella Leisser. Ambos que se conocieron en Harvard, su padre dejó el mundo militar para acabar derecho allí mientras que su madre, proveniente además de Ámsterdam, intentaba sacar adelante la carrera de empresariales pagándose los estudios trabajando como camarera en el propio recinto universitario. Hay personas que no creen en el amo a primera vista, pero lo que ellos tuvieron fue prácticamente un flechazo. A los 25 se casarían y enseguida tendrían a su encantadora hija. Elisabeth era especial, su abuelo paterno lo sabía ya que tenía un magnetismo completamente distinto al de sus demás nietos. Criada en el propio territorio paterno, no era raro que la muchacha empezase a alimentarse del ambiente jurídico, a fin de cuentas los Maier eran famosos por eso. A medida que los años pasaban ella seguía interesándose por ese mundo, y además intentaba paliar cualquier grado de controversia experimentado en su círculo familiar. Sus padres no dejaban de pelearse, vivía un puro drama aquella rubia aniñada. A los 10, se divorciarían. Entre la poca comunicación que existía entre sus padres, y que a ella le mandaban de un lugar a otro para tenerla lejos de ese conflicto... Ella acababa hartándose. A Elisabeth le gustaba estar con sus primos y sus abuelos, pero evitaba en cualquier situación encontrarse con los otros dos. Los años no tardaron en pasar y a pesar de que en su vida emocional hubiese pasado un bache como el de Jakob Hoffman, sintió la necesidad de cortar raíces e ir a la misma Universidad que la de toda la familia Maier, a estudiar lo que le gustaba; El Derecho. Tenía pensado acabar aquella carrera y una vez así entrar en el bufete de su abuelo, no tardó demasiado en acabar y así hacerlo. Empezó a hacerse un nombre en el propio bufete, subiendo escalafón y a raíz de pelearse con unos y con otros llegó a dónde quería. Deseaba poder ser una digna sucesora de su abuelo y así hacerse con la empresa. Tenía todo en mente, pero por su vida se cruzaron un par de ''obstáculos'' que no podía dejar de lado. Se casó con el que creía ser el hombre de su vida, creyó estar embarazada de él y justo después de descubrir todas las mentiras que le había estado diciendo, se divorció y se encontró con que no era el padre de sus actuales retoñas. Al parecer este bombo sorpresa vino de regalo por un encuentro que tuvo con el que ha considerado -y sigue considerando- su mejor amigo, y actual pareja, Boris Dixon. Su vida sentimental parecía mejorar, y hasta la de sus padres que volvían a las andadas con encuentros sexuales muy de la época de los setenta. Pero su vida no se vio completa hasta que por fin, el mismo día de sus veintiséis cumpleaños su abuelo y su padre le regalasen la meta que siempre había ansiado; Ser la dueña del bufete. Madre de gemelas, dueña de cuatro perros, novia de lo más encantadora y ahora, jefa de su propio mundo. ¿Se podría pedir algo más?.
New York's Drama Queen
Elisabeth A. Maier
Normas básicas
Ξ Mínimo 10 líneas completas.

Ξ El +18 está permitido on-rol, se debe indicar en el post.

Ξ Recuerda que saludar a los demás en la CB es parte de una convivencia más agradable y llevadera.

Ξ Avatar: 220x400 / Firma: 500x250

Ξ La multicuenta está permitida, pero si el primer PJ es femenino, el segundo debe ser masculino, sin excepciones; lee el reglamento completo para mayor información.

Ξ Antes de realizar registros hay que tener aceptada la ficha.

Ξ Para tener color hay que tener la ficha aceptada, todos los registros hechos y el MP de la cuenta New York respondido.
Awards
Mejor Chica
Jana S. Madden
Mejor Chico
Maximilian Edgeworth
Mejor Roler
M. Ellie Birdwhistle
Mejor Recién llegado
Idunn Haraldsson
Mejor Grupo
The Law
Twitter
Otoño
Censo
Kids
1
Teens
13
University
20
Workers
48
B. Owners
21

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mensaje por Elisabeth A. Maier el Jue Nov 24, 2016 1:31 am
Noche de Acción de Gracias
Familia Dixon & Maier
+Outfit


La nueva casa me fascinaba, entre lo grande y espaciosa podría coger unos patines y pasearme por ella sin escuchar las quejas de los vecinos o de Beth para que no la despertase de la siesta. Realmente estaba entusiasmada con esta nueva vida, y aún más por aquella persona que tenía a mi lado nada más despertar. Definitivamente estar con Boris era lo mejor que me había pasado. Me encantaba. Desde ese gesto que se le formaba por encontrarse cabreado, hasta su típica sonrisa lasciva para intentar hacerse con la suya. Sus abrazos, sus besos y aquellos consejos que me daba de hombre adulto poco responsable. Seguía siendo mi mejor amigo y eso era lo genial, ya que la confianza entre ambos era única. Pero en fin, dejando de lado el tema de cuanto quería a ese oso gruñón, ¿Queréis saber lo que ocurría esta semana? El caos.

Al acercarse las festividades tenía que hacerme responsable de ciertos quehaceres, entre los que estaban organizar la cena de Acción de Gracias. Recibir al batallón Maier no era complicado, estaba acostumbrada a ser atosigada por mil enanos y hablar por los codos con los demás familiares. Todos llegaron unos días antes, y seguramente se irían pronto para poder volver en Nochebuena o quién sabe, a lo mejor nos tocaba a Boris, las enanas y a mí ir a Austria. Sinceramente no me importaría ya que fuera dónde fuera, teniéndolos a ellos todo era suficiente. Uh, y sin olvidar a la troupe  canina claro.

En aquella casa no cesaba la música de Navidad, y los niños traían su propia alegría a cada rincón de ese sitio. Todo aquello hacía revivir mi infancia. Levantarse por las mañanas y oler  las tortitas de la abuela, probar el chocolate especial de mi abuelo y atender a los cuentos que mi padre contaba a los enanos. Podría mosquearme con mis padres, es más, evitaba en todo momento hablar con mi madre... Pero por lo demás el ambiente no estaba del todo mal. El recibimiento que obtuvo Boris fue descomunal. Realmente no había visto cosa igual, ni siquiera con mis otros ex. Mi padre lo adoraba, literal, estaba de súper buen humor. Mis primos mayores le sacaban conversación y las enanas querían todo el rato jugar con él. Los pequeños tenían cierto respeto al rubio, podría hasta jurar que les había escuchado compararle con Duncan. Por lo menos a éste último le tacharon de payaso y a Boris lo tenían como el Tarzán de la familia.

La organización para el día de Acción de Gracias fue perfecta. Cada uno sabía lo que tenía que hacer, todos arreglados y preparando la pedazo de mesa que tuvimos que poner para que cupiesen todos. Gracias al cielo las enanas dormían y los pequeños preferían comer en la sala de juegos. Con lo cual, plenos adultos nos encontrábamos en aquel sitio.— Oooooooooorden, ¿Habéis sacado ya el pavo? .—Hablaba con todas las mujeres Maier que habían en la cocina, a veces hasta tenía que soltar algo en alemán para que me prestasen atención. Ya luego si veía a mi madre a lo mejor se me escapaba algo en holandés, la cosa era mezclar idiomas. Con deciros que la señora nada más verme con el vestido me soltó que estaba siendo ''demasiado provocativa''. A lo que yo le contesté que perfecto, que solamente quería hacerlo con uno.

Se podía ver que la tensión entre ambas rubias era palpable, puede que a lo largo de la noche tuviese que dejar un par de cosas claras con ella siempre y cuando mi padre no se metiese de por medio. Ya solo me faltaba eso. Por lo menos el otro estaba contento alegrándose de que por fin había escogido a un tío que valía la pena y no uno que era un delincuente. Sinceramente creía que si Boris mataba a alguien mi padre seguiría queriéndole. Joder, si parecía que el enamorado era él no yo. En fin, estaba todo puesto y ya solo me faltaba buscar a mi pareja, ¿Dónde se había metido?. Fui a buscarlo, prefería dejar el barullo de gente que tenía a mis espaldas y saber en qué lugar se encontraba Boris. No tardé demasiado en vislumbrarlo justo en la habitación de las niñas, con ese traje de chaqueta que le quedaba como un pincel. Me acercaba por detrás hasta poder rodearle la cintura con mis brazos, depositando así un beso en su espalda.— Ya creía que te habías dado a la fuga....—Bromeé manteniendo ese risueño gesto que se me formulaba aún sin apartarme de él. Entendía que estar con tanta gente le pudiese producir un agobio en exceso, pero más entendía que estuviese intentando buscar un lugar tranquilo para tener la cabeza fría al reencontrarse con su familia.

Hacía siglos que no sabía de su madre, la última vez la conocí como la mejor amiga de su hijo. ¿Ahora? Joder, era su prometida. Mantenía la cabeza puesta en las mil tareas de la casa, solo para tampoco transmitirle nervios al ajeno. En la medida que pude le giré para tenerlo de frente.— Eh, estamos juntos en esto ¿No?. No me iré de tu lado ni siquiera para robar el pastel de chocolate de mi abuela... que es mi favorito por cierto, imagínate lo que me importas.—Asentía aún con esa sonrisa aniñada que dibujaba solo para él, a fin y al cabo él era el autor de ese gesto. Único e intransmisible.




And i promise
to love him
for the rest
of my life



Husband goals:

Hey:

Christmas:
Elisabeth A. Maier
avatar
Localización :
NY State of mind

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Boris Dixon el Jue Nov 24, 2016 3:22 am
Noche de Acción de Gracias
Familia Dixon & Maier
+Outfit


Noviembre y diciembre solían ser un par de meses donde el Carpiem se atosigaba de familias que pretendían ser felices. He de recordarte que, un par de años después de conocer a la rubia, el bar cambió de gerente. Súbitamente, ese recinto que pocas veces era frecuentado por personas importantes, se convirtió en un restaurante codiciado. Agotaban rápidamente las reservas, también el espacio en las mesas o la barra. Los mismos empresarios exitosos volvían en épocas distintas, acompañados de sus colegas o de la familia, que tendía a ser numerosa en la mayoría de las ocasiones. Debes estar imaginando en este punto que mi actitud pocas veces variaba, estás realmente en lo cierto. Era indiferente, verdaderamente indiferente. No me interesaba otro mes que no fuese el de mi cumpleaños, me limitaba a servir lo que me pidiesen pues el dinero era primordial, aunque el invierno terminaba por tornarse aburrido ya que, en deseos de aparentar formalidad, no había quien se atreviese a ordenar cócteles compuestos. Eran largas horas recomendando vinos o sacando de mala gana a ebrios que —como yo— no tenían rumbo alguno, no les esperaba una esposa en casa, no tenían hijos por los cuales quejarse ni una lista de regalos en la que pensar. Probablemente estaban vacíos, cansados y vacíos, con mucho dinero que malgastar en estupideces que distaban de contar con el típico espíritu festivo.

Sin embargo, todo eso se ha ido y estoy seguro de que no regresará. Lo único que queda de esa vida, son las vendas que recubren mi mano derecha, las cuales son —a su vez— el motivo por el que no iré a trabajar en unas noches. Bueno, uno de los motivos. El gerente (el tercero, desde que llegué) prefirió que pasase el tiempo con mi futura esposa, porque sí, aunque no lo creas, me casaré dentro de poco. Debo admitir que no pensé que llegaría la persona indicada para hacer cambiar mis retorcidas opiniones acerca de los anillos de compromiso, tal vez debido a que nunca consideré la idea de que no hacía falta que llegase, pues, después de todo, siempre se encontró en el mismo lugar, fui lo suficiente ciego para no verla antes. Elisabeth, mi mejor amiga, loca de veintiséis años que me había arrastrado hasta una iglesia para irrumpir en un matrimonio, pero también la única con la que estoy dispuesto a pasar mi eternidad, cuanto sea que dure. Sé que en bastantes ocasiones me dirigí a ti para negar rotundamente la posibilidad de enamorarme, supongo que debo darte la razón por todas las veces en las que me refutaste que eventualmente caería. No obstante, no puedes culparme, la madre de mis hijas es simplemente perfecta e incluso podría decir que esa palabra no logra definir en su totalidad lo maravillosa que es. Conozco cada detalle que la compone, cada expresión, cada frase típica y sin pensarlo demasiado, afirmo que me encanta. Por eso no dudé en pedirle que se casase conmigo durante ese viaje a París que, en un principio, pretendía ser un mero regalo de cumpleaños.

En eso pienso mientras las niñas me rodean a la par que discuten entre ellas qué juego debe ser el siguiente. No opino demasiado, no solo porque estoy ausente, sino también debido a que los nervios invaden gran parte de mi semblante. He paseado a lo largo de los pasillos unas tres veces, en el último recorrido me quité la corbata bajo la excusa de que no era útil fingir ser alguien que no soy, después detuve mis pasos en la habitación en la que se encontraban las pequeñas, a pesar de lo mucho que quería seguir caminando hasta acabar con alguna de mis bebés en brazos. Tranquilidad, no desesperes, te enterarás pronto de lo que está sucediendo, más precisamente en este instante, cuando siento a la ajena rodearme. —No negaré que lo consideré —le confieso, esbozando esa sonrisa que era de su exclusiva propiedad. —Estoy nervioso —agrego después, a sabiendas de que la confianza es suficiente para tener la capacidad de expresar cualquier cosa que tenga en la mente. Lo que articula a continuación, me mantiene en calma pero no demasiado. No he entablado una conversación con mi madre en años, a pesar de haberle visto hace poco en el matrimonio de una de mis primas con un italiano de dudosa precedencia. La relación entre los dos es tensa, siempre intenta acercarse a mí, siempre la alejo. Ayrton no comprende mucho el asunto, me parece que únicamente lo ignora como la vida le ha enseñado a hacer, aun cuando se ha alegrado el segundo en que le invité formalmente a la cena.

Súbitamente, escucho exclamaciones, primero de sorpresa, luego de emoción. Escucho también esa voz que tengo grabada en la mente de manera irreparable, trago pesado entonces. —Ha llegado —comunico en un susurro antes de entrelazar mis dedos con los contrarios, queriendo demostrar desde el primer segundo que el motivo de la reunión dista de ser una acción de amor fraternal inexistente. —¿Lista? —le pregunto al tiempo que nos dirigimos a la puerta, aunque sé que la cuestión fue formulada para mi mismo y no para ella, pues soy yo el que está temblando. Desconozco la razón verdadera por la cual mi cuerpo me delata, pero no dispongo de mucho para pensar en eso, pues en el minuto previo a bajar por las escaleras, me quedo de piedra observando la escena: mi suegro habla con Ayrton, parece estar ensimismado en la conversación (su mirada no está tan repleta de orgullo como cuando me mira a mí, no confundas), mientras que la madre de Elisabeth se encuentra abrazando a la mía. Hablan en un idioma que sé distinguir sólo porque recibía bastantes regaños en el mismo, ¿es que esto se acaba de convertir en una junta de amigas del instituto? Una mueca bastante confusa se dibuja en mi rostro, ya ni siquiera tengo certeza de qué es lo que siento.

Observo a mi prometida repleto de pánico ya que mis sobrinas no tardan en desviar la atención de toda la sala hacia mí. Un silencio sepulcral se forma de pronto, las niñas me abrazan y yo correspondo, mas mi mirada se queda fija en esa dama holandesa que se casó con el estadounidense equivocado, la misma cuya vida había arruinado casi cuatro décadas atrás. —Mamá —musito, la palabra me sabe extraño, me sabe a polvo, a platos rotos, a recuerdos oxidados. Estoy a un solo paso de perder la compostura, a punto de dar media vuelta para marcharme. Sin embargo, ella me retiene. Apoya sus brazos con dificultad sobre mis hombros, después la cabeza en mi pecho. —Es bueno verte de nuevo, Joseph —articula con una sonrisa, en ese mismo tono de voz que emplea exclusivamente conmigo. Supongo que eso es todo lo que necesita el resto de visitantes pues enseguida retorna el ruido, la alegría, las emociones características de una reunión familiar cliché. Busco con la mirada a Elisabeth. Puede que no me haya ido, pero dentro sigue el miedo, sigue esa extraña sensación de tener dieciocho de nuevo. Desconozco el futuro transcurso de la noche, lo que me interesa ahora es encontrar un punto de apoyo, algo que me diga que, a pesar de lo que ha pasado, nada está perdido. Nada nunca está completamente perdido.


Última edición por Boris Dixon el Jue Dic 15, 2016 1:43 am, editado 1 vez




You told me to grow up so I pushed you away


thanks:


belisabeth:

Boris Dixon
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Elisabeth A. Maier el Jue Nov 24, 2016 10:12 am
No me separé de él en ningún momento, sabía que no es que fuese a ser un plato de buen gusto pasar por aquella situación pero al menos sabía que tendría mi más sincero apoyo desde el minuto uno. Desde siempre había estado con él, para lo bueno y para lo malo. Es posible que por ''x'' circunstancias ambos podamos habernos sentido un poco distantes en el momento que tuve otras relaciones amorosas o él con alguna de sus tantas amigas. Pero ello nunca quitó el peso de nuestra más sincera amistad. A groso modo, muchos podrían comentar sobre lo que ambos teníamos ya fuese tanto para bien como para mal. No obstante para mí la única opinión que me importaba era la que tenía el rubio sobre esto, lo que ambos habíamos empezado. Es posible que todo hubiese pasado mucho antes, pero sabía que las cosas pasaban cuando menos te lo esperabas y sinceramente lo último que hubiese pensado que por ese desliz acabase embarazada de mi mejor amigo, y rayada de pies a cabeza porque sentía cosas que creía que eran un mito.

Mi relación con él se había basado en un tira y afloja durante muchos años. Siempre había creído que aquel chico que me encontré en el bar sería una persona bastante especial para mí, pero hasta ahora no sabía hasta qué punto esa relación iba a ser tan única. No tenía queja alguna por todo lo que había pasado, por mucho que él siempre hablase de que aquello podría haber empezado antes... Yo por mi parte estaba contenta de cómo las circunstancias habían dado lugar a esto. Y parecía que no era la única, solo había que ver a mi padre para saber que era el fan number one del rubiales. Estaba satisfecha con saber que el chico había sido recibido de dicha manera, y que además, le pudiesen apreciar tanto en esa casa. De seguro la abuela en más de una ocasión le jalaba de las mejillas cómo solía hacer, y ya faltaba que mi abuelo se lo llevase de caza. Y patatín patatán Boris formaría parte de esa loca y encantadora familia austriaca.

Por parte de los holandeses no podía decir demasiado, esos eran más secos que la mojama. Hacía tiempo que no visitaba aquel país, seguramente en algún instante de mi vida tendría que volver a encontrarme con aquellos que compartían la misma sangre que mi madre. La diferencia entre mi progenitora y los demás estribaba en el hecho de que con ella tendía a pelearme unas 24/7. ¿Con los demás? Cero patatero. Puede que el choque de orgullos fuese clave fundamental para que acabásemos sacando los dientes, eso o que mi padre no ayudase demasiado a ambas partes a actuar de la forma más pacífica posible. En fin, que no tenía una estabilidad familiar acorde a la de cualquier otra normal, cada uno iba a lo suyo y cada uno velaba por su propio bien. En el instante que mis ojos se encontraron con el abrazo entre mi madre y la de Boris, me quedé algo perpleja. — ¿Y estas dos de qué se conocen?. — Hasta me resultaba extraño ver lo entusiasmada que estaba mi madre con la otra hablando en holandés. Pero demasiada importancia no le dí, ya que me dispuse a saludar a los otros invitados y observar la reacción de Boris. Le había prometido que no me separaría de su lado y eso estaba intentando. A pesar de que un par de enanos querían que fuese a jugar con ellos. Por este acoso infantil se notaba que la favorita de los más pequeños pft.


A pesar de los agarrones de brazo y las quejas de los pequeños, consigo que mi padre me ayude a zafarme un rato de ellos y así posicionarme justo al lado del otro. En el momento que Boris saludó a su madre, no me lo pensé dos veces para acercarme a saludarla con el mismo encanto que presentaban los de mi mismo corte.— Es un placer tenerla aquí.—No me resultaba dificil ser cálida con la gente, así como tampoco el ser todo lo contrario. Poco pude hablar con la madre de mi prometido ya que mi madre decidió llevársela del brazo para enseñarle las estancias. Arrugaba la nariz intentando analizar la situación, pero poco me dura la posición ya que mi mano va directa a darle una colleja a uno de mis primos mayores, solo por el hecho de querer burlarse de mí. Definitivamente en esa cena no habría ningún ápice de seriedad aunque ¿Desde cuándo había algo así en mi vida?.

Cuando la gente ya iba dirigiendo a seguir ordenando la mesa de la cocina y posicionando a cada uno en su lugar, minutos antes me llevé a otro lado del pasillo de la entrada a Boris. Deposité las manos sobre su cuello y lo siguiente que hice fue darle un sutil beso en los labios. — ¿Ves cómo no ha sido para tanto?. Cambia esa cara, que parece que estamos en Halloween.—Quería transmitirle pura serenidad, resultaría costoso por saber cómo era pero tampoco imposible. Lo próximo que ocurrió fue que mi padre apareció en escena, interrumpiendo cómo siempre. — ¡Ah! ¡Estáis aquí! Uh, siento molestar.... —¿En qué momento no lo hacía?. — Pero os estamos esperando... que si queréis tiempo para.... —Nada más ver los gestos que hacía con las manos, los ruiditos con la boca y tal... Mis ojos rodaron del tirón apartándome de Boris. — Papá, no quiero saber nada de ti durante un par de años gracias . —Dejé la palma de mi mano abierta a escasos centímetros de su cara, dirigiéndome ya al salón. — ¿Pero queeeee he hecho?. —Se quejaba casi como una niña chica y yo poco le prestaba atención. Seguramente era adoptada, ¿Quién coño podría ser así de infantil, loco e inmaduro? Bah.

Nada más sentarme observé cómo cada quien hablaba con el que tenían al lado o el de en frente. Mi madre se había puesto al lado de la de Boris, y podría jurar que no había visto a la rubia tan contenta hacía bastante tiempo. Mi padre estaba siendo el show de la noche. Contaba anécdotas de su trabajo, de su vida y hasta de cómo conoció a mi madre. ¿En serio que estaba hablando de esto último?. No entendía la situación de mis padres. Ellos que prácticamente me alejaron a mil campamentos, que se dedicaron a pelear día sí, día no. Que me tenían como una tercera ajena a su relación... Ahora... ahora ¿Estaban juntos?. Chasqueé la lengua y viré la mirada para encontrarme a ese alguien que por lo menos sabía ponerme de buen humor. Intentaba buscar su mano para tenerla agarrada debajo de la mesa, aún seguía pendiente de cualquier reacción que pudiese tener en la mesa claro. Ah, y por si fuera poco, cuando intentaba coger algo de alcohol, él era el que me quitaba la copa para quedársela él. Aún no podía beber hasta que pasasen los meses de la lactancia, y para colmo el otro lo sabía. Ningún otro prestaría atención a esos pequeños detalles. Pero él me cuidaba como oro en paño, de la misma forma que yo lo intentaba con él.

En un momento dado de la noche mi abuelo decidió levantarse para elevar la copa. — Quiero hacer un brindis, por los anfitriones. Elisabeth, estoy orgulloso de todo lo que has conseguido en esta vida, el bufete está yendo mejor contigo que con este carcamal de segunda. —Era inevitable que todos riesen por sus comentarios. — y por supuesto estoy orgulloso de la mujer en la que te has convertido. Ya eres madre, una estupenda madre... y tienes una pareja que espero siga estando a tu lado muchos años más. Siempre me cayó mejor él que cualquier otro, a él no he tenido que amenazarle con la escopeta. —Negaba entre risas dirigiendo la mirada a Boris. Ya lo estaba diciendo, el Dixon se había ganado el respeto de todos y cada uno de los presentes.

De pronto mi padre se puso en pie, levantando la copa. —Por el mejor yerno del mundo. El único e inigualable Boris Dixon. Al que espero venerar ante la adversidad, en la salud y en la enfermedad.... —Y mi abuelo interrumpió. — Hijo ¿Es que te vas a casar con él?. —¿Os dije que esto iba a ser un cachondeo?. Mi padre volvió a hablar con ese deje guasón.— Yo solo digo que... Gracias por devolverle la sonrisa a mi pequeña. Espero que todo siga así durante mucho tiempo y... joder, que hayan más cenas así coño. .— De acuerdo, eso sí que me hizo sonreír de par en par. De ahí que me levantase para ir a abrazar a ese hombre que tanto me sacaba de quicio. Puede, tan solo puede, me pareciese más a él de lo que realmente creía.




And i promise
to love him
for the rest
of my life



Husband goals:

Hey:

Christmas:
Elisabeth A. Maier
avatar
Localización :
NY State of mind

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Boris Dixon el Jue Dic 15, 2016 5:28 am
El que ella esté para apoyarme es todo lo que necesito. Desde hace ocho años, es todo lo que realmente necesito. Pudimos habernos distanciado cientos de veces, habré odiado a quienes se le acercaban miles de ocasiones, pero en el fondo, estaba plenamente consciente de que pertenecíamos el uno al otro. No importaba que tanto llegásemos a alejarnos, siempre regresaríamos a ese punto de inicio en el que tan bien me siento. Elisabeth es la única con la que puedo ser yo mismo, sin preocuparme de la impresión que cause. Supongo que, después de mi madre —irreparablemente—, es quien más me conoce en el mundo. Sé que no todos están de acuerdo con nuestra relación, que existen personas que consideran que soy el peor partido existente en el universo y, honestamente, opiniones como aquellas van directas a la basura, acompañadas de comentarios tan característicos de Boris Dixon, como "no es mi culpa que a ti te falte sexo y a mi me sobre". La única que tiene derecho a expresar su descontento conmigo, es la rubia misma, aunque (además de detalles que paso por alto, como sus quejas eternas por mi tendencia a lanzarle vasos o la maldita tapa del váter) nunca la he oído quejarse. Quizá porque me he encargado de darle sólo lo mejor, de preocuparme de dibujar cada mañana una sonrisa en su rostro. No puedo permitir que tenga un mal día, a pesar de que no suene creíble viniendo de mi parte. ¿Cómo siquiera puedo explicarlo? Sea lo que sea que esté a mi alcance, hago lo posible por cuidarle, ya sea desvelándome por las noches para que las niñas le dejen dormir o preparándole un baño luego de estar horas frente a una computadora. Creo que ya te habrás dado cuenta y no hace falta decirlo, pero estoy irreparablemente enamorado de Elisabeth Maier, sin importar lo difícil que puede tonarse en determinados momentos.

Por primera vez, me atrevo a pensar que todo está saliendo bien, incluso cuando el miedo me ciega a ratos. He formado una familia con alguien que me vuelve totalmente loco y lo que es mejor: su padre me adora. Sí, el mismo hombre que se desmayó en el matrimonio de su hija, está encantado con la idea de que Duncan haya pasado a mejor vida para darle paso a mi maravillosa presencia. Su fanatismo es tal que ha llegado a estampar camisetas con mi cara, lo cual me resulta gracioso, pero bastante perturbador. Es extraño caminar por la casa huyendo de ti mismo, ¿sabes? No obstante, a pesar de los gestos que me hacen dudar del estado en que se encuentran sus facultades mentales, agradezco la manera en que me ha integrado, llegando a ignorar mi nula capacidad de socializar sin resultar un imbécil para que las reuniones como esa me resulten amenas. Nunca antes había tenido una relación parecida con un hombre mayor. A decir verdad, el señor Maier es como el padre que Richard no fue en la época en que debió. No niego que me parece curioso, mas, no me molestaría acostumbrarme.

Me aferro a la mano contraria el instante en que mis ojos se cruzan con los de mi madre, aunque debo soltarle una vez la rubia se dispone a saludar a los otros. A lo largo de los años, realmente he llegado a preguntarme qué es lo que siento hacia la mujer que me dio la vida, pero no me he respondido con certeza. Somos personas distintas en su totalidad, que no se comprenden ni comparten demasiado. A pesar de que intenta acercarse a mi, existe ese rechazo que no puedo controlar, ni siquiera cuando estoy consciente de que no puedo culparla, que todos los problemas los trajo Richard con su intolerancia de mierda. Florence trató de hacer que me quedara hasta que olvidó porqué lo hacía, no podía seguir desgarrándose a cambio de alguien que no la quería. Ojalá hubiese comprendido eso antes. —Gracias por venir... —le digo, observando como acaricia el dorso de mi mano izquierda, con esa tranquilidad que me asusta pues me hace sentir de cinco años. —No tenía idea de que conocías a la madre de Elisabeth —reconozco un poco avergonzado. ¿Qué sé a ciencia cierta de ella? Casi nada. —Hay mucho que todavía no aprendes, Joseph —murmura y luego sonríe por una fracción de segundo, ya que su expresión cambia a causa de la repentina aparición de mi prometida. —Es un placer tenerte en la familia —le asegura, recuperando el gesto anterior a la par que me guiña un ojo. Finalmente, desaparece tras darme un beso en la mejilla. No comprendo la emoción que siente mi futura suegra en ese instante, pero lo dejo pasar, sé que tendré tiempo para hablar con la persona que tuvo la osadía de casarse con Dixon padre luego.

Súbitamente, me encuentro con la rubia rodeando mi cuello con sus brazos, transmitiendo esa calma que pocos logran. —No ha sido terrible porque te... —no puedo continuar debido a que aparece mi admirador número uno. Los gestos que realiza con las manos provocan que me ría, recordando aquella ocasión en la que sin querer interrumpió un encuentro casual que tenía lugar sobre el escritorio de mi abogada. Tanto en dicha oportunidad como en la que acabamos de percibir, la reacción de ambos fue casi idéntica. —Creo que no le gusta que le hables de sexo —explico con aire indiferente mientras Michael me observa, como si quisiera decir "no he hecho nada, soy inocente", aunque está plenamente consciente de que más de una vez ha insinuado que quiere otro nieto, que no le molesta cuidar a las niñas si tenemos asuntos pendientes, que la casa es lo suficiente grande para estrenarla de la forma en que se debe, entre otra larga lista de etcéteras que solo logran sacar de quicio a mi prometida.

En cuanto Elisabeth se sienta, me encargo de posicionarme a su lado, ignorando las miradas ajenas que analizan mi semblante pues me colocan nervioso. Ya sabes que estas fechas suelo desperdiciarlas frente a la televisión mientras me acabo una botella de tequila, ahora debo hacerme a la idea de que no estoy solo, de que el anillo que adorna el dedo anular de la loca, es la evidente demostración de que estaremos unidos por el resto de nuestras vidas. Hablando de ello, me sorprende que nadie haya caído en cuenta de su existencia. Nadie a excepción de mi madre, quien me mira con orgullo. De alguna manera, ella siempre supo que estaba destinado a terminar de ese modo. Me lo mencionó cuando le conoció y mucho tiempo más tarde, luego de que le dijera que iba a casarse. En mi memoria permanece aquel día en que, tras negar sutilmente con la cabeza, afirmó que no importaba que le diese el "sí, quiero" a Duncan, pues tarde o temprano, acabaría entre mis brazos. Pensar en ello hace que sonría, tal vez deba escucharle más seguido.

La noche transcurre tranquila hasta que el abuelo Maier decide levantarse, provocando que observe las cinco copas que tengo a disposición. Son cinco porque se las he quitado a mi prometida, después de mirarle modo asesino-en-serie pues el alcohol está prohibido para ella, a pesar de sus insistencias. Lo mencioné antes, no me canso de repetirlo: mi principal objetivo es cuidarla, protegerla, incluso si es de sí misma. No dejo siquiera que me distraigan las palabras ajenas, que me arrancan una sonrisa sutil. Asiento, a modo de agradecimiento por la aceptación del mayor, que realmente me preocupa ya que se trata de alguien sumamente importante para Elisabeth. —Lo de amenazar con escopeta quizá me lo quede, las niñas crecen rápido y la mía está reluciente —agrego luego de aquel discurso, a sabiendas que la otra desconoce que tengo un arma colgada en una de las paredes de mi departamento de Manhattan. ¿Alguna vez le habré contado acerca de mi fascinación por esos objetos? Creo que... no, ups.

Finalmente, luego de que mi prometida abraza a mi futuro suegro, opto por colocarme de pie. —Pretendía decir esto cuando se estuvieran marchando, de esa forma nadie le daría mucha importancia —comienzo, haciendo una mueca. La verdad, sí, soy pésimo hablando en público. —No, Michael, ninguno de los dos está embarazado —aclaro de inmediato, puesto que el padre tiene los ojos demasiado emocionados. —Hay una razón especial por la cual estamos reunidos esta noche —alzo una ceja, eso ha sonado como algo que Charles Weber diría. —y es la misma razón por la cual me levanto por las tardes —¿qué? ¿mañanas? ¡que trabajo de noche!— Debo admitir que al comienzo pensé que era una verdadera locura, pero rápidamente entendí que la única insensatez era continuar de la forma en que lo había hecho antes de viajar a París —en ese instante aprecio varias miradas curiosas, quizá no están todos al tanto de nuestro pequeño viaje. Me quedo en silencio varios minutos, hasta que encuentro la mirada de la rubia entre el público. —Elisabeth, hace ocho años me encontré con esos ojos llenos de curiosidady otras cosas que no mencionaréSin embargo, tardé en darme cuenta de que esa curiosidad es todo lo que necesito para sentirme bien. Puede que a algunos les parezca precipitado, hay quienes piensan que es mejor que comas tierra a que vivas conmigo —sonrío levemente— Esas personasson completos imbécilesno tienen ni la más mínima idea de lo que dicen. No saben que tan afortunado soy o que tanto me esfuerzo por hacerte feliz, tampoco que estoy enamorado de ti de un modo en que nunca me había sucedido —respiro profundo, hacer algo semejante me resulta increíblemente difícil, mas, dirigirme únicamente a ella, alivia la carga. —Te lo demostré el momento en que te dije que quería que todos estuviesen en un mismo lugar y te lo demuestro ahora —respiro profundo, deseo morir— porque ansío que sepan que, hace un par de meses, Elisabeth me hizo el hombre más feliz del mundo. Hace un par de meses, Elisabeth... aceptó casarse conmigo —finalizo, dándole paso al silencio. ¿Es que esto se ha convertido en un cementerio?




You told me to grow up so I pushed you away


thanks:


belisabeth:

Boris Dixon
avatar

Volver arriba Ir abajo

Mensaje por Elisabeth A. Maier el Vie Dic 16, 2016 2:09 am
Era increíble como después de tantos años aquella relación que ambos teníamos no había cambiado lo más mínimo, es más, podría decirse que habíamos llegado al mejor punto de nuestras vidas en lo que respectaba a dicha relación. La explicación era sencilla, tanto él como yo conocíamos lo peor de cada uno, complementábamos de una manera capaz de sacar lo mejor el uno del otro. Desconocía la de veces que había acudido a él por cualquier problema que hubiese tenido, todas las consultas que había necesitado en el territorio familiar u en el de mis propias relaciones. Siempre había estado ahí en mis rayadas, mis dramas y por supuesto cuando me encontraba en la mismísima mierda. Tenía la facilidad de hacerme cambiar de parecer en una fracción de segundo, ya sea sacándome de quicio como consiguiendo que me riese hasta el llorar. De todas las personas que pasaron por mi vida, nunca nadie había conseguido hacerme sentir de las mil maneras que él conseguía hacerlo. A lo largo de los años pensé que nunca conseguiría querer a alguien como cualquiera de los novios que me dejaron tanta huella, pero es que él, si, Boris Dixon había sobrepasado esos límites. No podía compararlo con ningún otro ya que los demás daban pena a su lado.

Entendía que el amor que había demostrado y recibido por otros no era como mi historia con el rubio de turno. Desde que lo conocía tenía algo distinto a los demás. Esa mirada tan misteriosa, sus gestos tan característicos y esa enigmática forma de hablar, se convirtieron en un peso importante para que la atracción que tenía por aquel entonces hacía él fuese creciendo. Nunca olvidaría aquel cinco de octubre de dos mil ocho, ni tampoco al primer hombre que conocí en aquella ciudad. El primero que había conseguido dejarme sin aliento, y enamorarme de una manera que ningún otro había logrado. ¿Era el hombre de mi vida? Solo había que fijarse en cómo se me iluminaba todo el rostro con tan solo encontrármelo. Cierto es, que seguía sacándome de quicio como siempre lo había hecho, pero eso hacía que esa amistad con la que habíamos empezado seguía siendo uno de los pilares fundamentales en nuestra relación. La confianza era desmesurada, de tal modo que apenas podíamos ocultarnos nada el uno del otro. Definitivamente no había encontrado mejor persona con la que compartir el resto de mi vida que aquel que básicamente se había convertido en ella.

Cuando pasó lo de Duncan, recuerdo que durante la boda estaba completamente pendiente de que dos personas no interrumpiesen el momento clave del si quiero. Miré a los que formaban parte del denominado Team Rocket, pero a ciencia cierta estuve manteniéndole más la mirada al mayor de los tres. Es posible que de algún modo quería que interviniese, que realmente se levantase y como un saco de patatas me sacase de aquel lugar. Igual, no me arrepiento lo que sucedió con Duncan, ya que gracias a lecciones como esa pude encontrarme con lo que de verdad merecía tener todas las noches de compañero de habitación. Temí que nuestra amistad fuese a fracturarse tras la declaración que él presentó el día en el que llegaron las pequeñas. Sabía que, si Boris se hubiese ido de la misma forma que lo hubiese hecho el otro, no podría haber rehecho mi vida de la misma forma que lo hice con la desaparición del Wilmington. Ahí, es cuando me daba cuenta de que quien era el amor de mi vida no era más ni menos que Boris Joseph Dixon. Desde el primer momento en que lo conocí supe que iba a ser alguien muy importante, y mira que se lo dije eh. Aunque no pensaba que íbamos a llegar hasta esta situación en dónde nuestras familias se reunirían en nuestra propia casa.

No daba crédito a como daba de vueltas la vida. Ahí, mi padre estaba que se le salían los ojos cada cuando centraba su mirada en la de mi pareja. Me resultaba súper gracioso el amor que le tenía, no había visto nunca así a mi padre por ningún de los novios que le podía haber presentado. Con Jakob era feliz porque siempre le pedía permiso para todo, pero según él le faltaba esa chispa de masculinidad que a mí me haría falta. Con Duncan fue un desastre. Le odiaba a más no poder, casi creí que se había metido en algún tipo de secta satánica para hacerle vudú al que su día fue mi marido. ¿Pero con Boris?. Tal era su amor que hasta se ofrecía a estar pendiente de las hijas para que ambos estuviésemos a lo nuestro, coño, que nos había hasta ofrecido condones. Literalmente me mosqueaba la actitud que mostraba el otro en determinadas situaciones, pero no podía dejar de querer a ese hombre que siempre se había preocupado por mí. Es verdad que la situación dada con él y mi madre provocó grandes problemas en nuestra relación, pero dejando de un lado aquello, mi padre era uno de los hombres más importantes de mi vida y que estuviese aquí apoyando la relación que tenía con Boris, significaba muchísimo para mí.

Mi madre en cambio no sabía cómo reaccionaría, por todo en general. Ella es la principal culpable de mi mal humor, conseguía que escupiese fuego por la boca solo con decir un par de comentarios que me atravesaban por completo. Siempre ha estado metiendo el dedo en lo que respectaba a mi vida, ha intentado controlarme de una manera un tanto desquiciante, provocando que hiciese todo lo contrario a lo que ella esperaba. A cada pareja que he tenido ella ha tenido que ponerle pegas, o simplemente acercase y decirme su tan típica frase de ’’¿Estás segura?’’. Si no estuviese tan segura de iniciar una relación como la que tenía con Boris, no estaría con él. Ha intentado seguir haciéndome ver como una niña de cinco años, cuando yo ya había pasado por veintiún años más en los que ella apenas había estado ahí por sus conflictos hormonales con mi padre. Ahora desconocía por completo la relación que ambos presentaban, pero por cómo se miraban y esa mano con la que mi padre iba descendiendo a la parte trasera de la holandesa, ya entendía que habían decidido seguir juntos.

No, no estaba mosqueada porque mis padres volviesen a revivir esa llama que habían acabado apagando un centenar de veces. Lo que me mosqueaba era la actitud de niños que podían tomar, pero más me enrabietaba era el que mi madre tuviese que comentar cualquier cosa sobre mi vida cuando yo no me había metido en lo que respectaba a la suya. Mi relación con ellos era un vaivén, pero al final del día ambos eran los que me trajeron al mundo y por ello tampoco podía hacer mucho más que aguantar a la holandesa y sus formas de tocarme los ovarios, y al austriaco que me volvía loca. Ambos eran protagonistas de mi vida, y parecía que de aquella noche también. Confundida observaba como mi madre se desenvolvía completamente con la que era mi suegra. Tales eran mis facciones de incomprensión que mi padre se rio indicándole a mi abuelo que era clavadita a él. Puede que fuese cierto, tampoco iba a decir nada al otro porque se emocionaba y no había quien le bajase de las nubes.

En aquel primer encuentro con la madre de Boris, me había puesto un poco nerviosa. Sin embargo la sonrisa que dibujaba creció solo por escuchar como aquella mujer me felicitaba por formar parte de su familia. Realmente estaba orgullosa de hacerlo, y más encantada lo estaría cuando por fin pudiese ser su señora, la señora de Boris Dixon. Solo de pensarlo empezaba a tener escalofríos por todo el cuerpo. La emoción de poder ser por fin su mujer era indescriptible, me seguía quedando atontada de ver el anillo que mostraba en el dedo anular de mi mano izquierda. Era sorprendente que mi padre aún ni se hubiese enterado, y seguramente cuando lo hiciese marcaría ese día como el más importante de su vida. No exagero, este hombre era capaz de indicarle a Siri que señalase ese día como recordatorio de que su yerno había pedido matrimonio a su única hija, y que ella había dicho que sí. Tenía cierto miedo a que sufriese un infarto, definitivamente no sabría que reacción podría tener con la noticia.

En la mesa podría encontrarme con mil caras que conocía a la perfección, más que nada porque los Maier eran plenos conejos y ahí cada dos se multiplicaban por tres más. Atendía a cada uno, observaba como se desenvolvían y cómo mi madre seguía pendiente de la que era mi suegra. Aún me costaba comprender aquella relación, ¿qué me había perdido? Desconocía completamente de qué podían conocerse la madre de mi prometido y la mía, pero ambas parecían saber cómo alejarse de los demás hablando en holandés. Mi padre muy de vez en cuando se metía por sacarle un poco de quicio a mi madre, diciendo alguna palabra del idioma de la otra. Lo dicho, mi padre era un payaso y no sabía cómo los demás lo aguantaban tanto. Giraba la mirada y me encontraba a mis abuelos. Aquellos eran ese sueño que desde siempre había querido conseguir, estar con una persona de la misma forma que ellos lo hacían. Su historia de amor es una de mis favoritas, e inevitablemente se formulaba una sonrisa curvada en mi rostro para cuando pensaba en la de veces que mi abuelo ponía a Frank Sinatra en el salón de casa solo para poder bailar con su querida Angelica.

La ilusión que ambos presentaban era de digna mención, y me encantaría poder encontrarme así tras tantos años con mi pareja. Ya que estaría encantadísima de mirarle de la misma forma en la que lo estaba haciendo cada vez que mis ojos se encontraban con los suyos. Podía hacer una lista completa de todas las cosas que me gustaban de Boris, pero si tenía que indicar dos de mis más profundas perdiciones eran su mirada y esa sonrisa lasciva con la que conseguía de mí absolutamente todo. Había dejado por un momento todos aquellos rostros para centrarme justo en aquel que resultaba ser el mismo que me encontraba nada más despertar, y nada más ir a la cama. No me cansaba de analizar cada gesto. Mantenía esa sonrisa enamorada solo por mirarle, ya sea encontrándomelo de frente o fijándome en ese perfil que me resultaba perfecto. A pesar de tener un humor bastante gruñón, a mí me seguía resultando igual de inmejorable. Estaba tan acostumbrada a oír sus gruñidos, sus quejas y sus comentarios para que le hiciese caso, esas pequeñas cosas se habían hecho parte de mi rutina y sin ellas no me sentiría para nada cómoda. Quería levantarme todos los días abrazada a él, despertando con ese sonido que hacía para que le diese un beso de buenos días. Buscar mil maneras de ponerle de buen humor, subirle el ego, quitarle todas las corbatas que le molestasen y conseguir que de igual forma se las pusiese. Llamar al trabajo para informar de que estaba indispuesto, cuando realmente solo le quería para mí entera y nadie más.

Sin embargo, mi foco de atención se interrumpió al escuchar cómo dos de mis familiares se levantaron para brindar. Como mencioné antes, yo no podía hacer otra cosa que mirar como los demás alzaban las copas y mi pareja se hacía con todas las mías. Resultaba un tanto cómico las miradas que me lanzaba para que no bebiese alcohol. Yo lo hacía aposta, ya que me resultaba súper atractivo ese gesto que dibujaba en mi dirección. Porque había tanta gente alrededor, sino le comía esa carita que tan loca me traía. Dirigí mi mirada a los mayores de mi familia, y pronto me encontré de pie abrazando y besando a los otros. Realmente aquello me provocaba una satisfacción enorme, pues, ambos eran demasiado importantes. Efectivamente mi abuelo tenía un peso muy grande, más por el modelo profesional que se había convertido a la hora de perseguir mis sueños con el bufete. Pero también por el cuidado que tuvo junto con mi abuela, de estar conmigo cuando mis padres no lo estuvieron. Ahí estaba, de pie. Desde ahí observaba cómo todos prestaban atención a ese instante, pero enseguida volvería a hablarle a aquel que hizo un comentario sobre una escopeta cuya existencia desconocía.— ¿Que qué? ¿Tienes una escopeta?.—Parpadeé un tanto perpleja ya que no tenía conocimiento de aquello, pero que eh, que mi abuelo tuvo los cojones de intervenir en aquello con una sonora carcajada.— Este chico me encanta. Me lo voy a llevar de caza..—De pronto ya me estaba encontrando cómo Boris se estaba amueblando perfectamente en aquella familia tan alocada que tenía. Ellos podrían comentar lo que quisiesen, pero estaba claro que yo en cualquier momento de la semana aparecería buscando aquella escopeta. Es más, quería explicaciones de por qué no sabía de la existencia de dicho artilugio, pero antes de que pudiese mediar palabra, él ya estaba en pie haciendo un discurso en mi dirección. Por un segundo creía que me iba a caer por cómo me estaba mirando, y por supuesto, todo lo que estaba diciendo.

Esa sonrisa que tan bien conocía él, su propio autor, iba pronunciándose sin que le pudiese quitar un solo ojo de encima. Si no estaba ya lo suficientemente enamorada de él, aquello provocaba ya que explotase de amor. Mi padre estaba orgulloso observando la situación en sí, posando su mano sobre mi cintura a expensas de que pudiese darme un algo solo por cómo estaba atontándome con las palabras de mi chico. Apoyé la cabeza en el hombro de éste mientras mantenía la mirada puesta ahí. Justo cuando dio la noticia, nadie habló. Yo gesticulé un ‘’Te amo’’, poco antes de que alguien rompiese por completo el mutismo que se había propagado por toda la estancia.—¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEE? ¡EL TITO BORIS VA A SER NUESTRO TITO! .—Dijo una de las más pequeñas, súper emocionada por la noticia. No tardó en corretear por la estancia para ir a abrazar a quién ya consideraba su tío, y así en cadena comenzaron las reacciones. Mis primos empezaron a pegar gritos y a felicitarnos a ambos. No tardé en encontrarme abrazando a todo el mundo y a ser acosada por completo por todos aquellos que vinieron a la cena. Pero aún estaba pendiente de la reacción del mismo que había estado a mi lado durante gran parte de ese discurso, es que se había quedado completamente callada. Quería acercarme para saber si estaba respirando, pero lo próximo que pude ver fue a éste acercándose a mi prometido y fundiéndose en un abrazo dónde incluso lloró de la emoción. Hice un facepalm que provocó que más de uno se riese, ya que el fanatismo que tenía mi padre hacía Boris era casi incomprensible.

Empezó a agradecerle su existencia, a llenarle de besos la cara y además a decir gritando que íbamos a casarnos. Coño, cómo si no lo supiesen ya todos que para eso lo habíamos dicho. Rodé los ojos y me dediqué a mostrarle a todas las mujeres el anillo que tanto querían ver. Estaba bastante emocionada de contar la historia del viaje y cómo me lo pidió, cuando me encontré cómo mi madre simplemente se levantó y desapareció. No me había dicho nada, y por esa reacción me esperaba que más tarde habría un momento madre e hija, que eh, no pensaba tener en ese momento ya que lo que tenía en mente era ir a buscar a mi prometido, apartarlo del gentío y besarle. Me deshice como pude de todos los que estaban a su alrededor, distanciándolo un poco de los demás que se dedicaron ya a cenar, beber y visualizar como mi padre contaba la razón que tenía con Boris desde el primer momento que lo conoció.

Tomé el rostro de mi prometido y le besé con las ganas provocadas de sus palabras.— Definitivamente me has enamorado más de lo que podrías… Eso sí, ¿Dónde dices que está la escopeta? —Sonreí en su boca pendiente simplemente de él. Escuchaba a todos a mi alrededor hablando, celebrando y haciendo cualquier cosa que quisiesen. Ahora mismo tenía los ojos puestos en una sola persona, la misma a la que en poco tiempo se convertiría en mi marido. Comparando la boda que tuve con la que estaba por venir, la emoción de la anterior con la que estaba por venir no era comparable. Tenía muchísimas ganas de que llegase ese día, muchas más que las que tuve para con el otro. Es verdad que podría haberle dicho a Boris lo del tema del visado, que podría haberme casado con él de aquella manera… Pero supongo, todo aquello tuvo que pasar para poder encontrarnos de esta manera. Personalmente no me arrepiento de todo lo que había pasado en mi vida, ya que a día de hoy estaba completamente feliz y todo gracias a él. Me encantaba el novio que tenía, la forma en la que había cambiado mi vida y cómo gracias a él tenía un par de angelitos que también habían llegado gracias a él.

Quién iba a decir que un comentario tan simple como Prefiero acostarme contigo que ponerme esta corbata, acabaría provocando tanto revuelo. Quién diría que de verdad ese bartender del que me encapriché iba a ser el mismo que se encontrase ahí, conquistándome a cada segundo que pasaba. Volviéndome más loca de lo que estaba, y haciéndome casi temblar de la emoción que me provocaba. Iba a volver a depositar un beso en sus labios cuando pronto un par de enanas tiraron de mí para que les prestase atención.—Tita Elisabeth, ¿Es cierto que fuiste a Disneyland?.—Nada más oír aquella palabra, los recuerdos me invadían y la exaltación que tuve por aquel entonces volvía en mí. Brinqué exagerando los movimientos de mis manos.—SIIIIIIIIIIIIIIII. ¿Y adivinad quién tiene regalos de Disney de su Tita Elisabeth?.— Enseguida esas dos abrieron la boca tanto que parecía que les llegaría al suelo. Gritaron, y en qué me las vi de indicarle a un par de mis primas dónde estaban las cosas para los pequeñajos, así podrían divertirse. Volví para mirar a todos los que había en el salón, y retomando aquello que debía hacer ya para tener buena conciencia conmigo misma y dormir bien esta noche.— Voy a buscar a mi madre. Enseguida vuelvo.—Cuando fui a darle un beso rápido en los labios, ya estaba mi padre que sacó la cámara e hizo una foto. Pegaba botes y les enseñaba a todos lo buena pareja que hacíamos, fue inevitable que me sacase una risa mientras salía de ahí buscando a mi madre.

Caminaba por los pasillos sin encontrar a la mujer que me trajo al mundo, esperaba que no me hablase de la misma forma que lo hizo para cuando me llevé a Duncan a Austria. Había una gran diferencia entre el otro y el actual. Fijaros que hasta en la cama estar con Boris era más placentero que para cuando salía con el anterior. Suponía que debería morderme la lengua en muchas cosas o quién sabe, a lo mejor me llevaba alguna sorpresa. Recorría cara rincón de aquella mansión, hasta que al final acabé entrando en la habitación de las pequeñas. El sonido que se formulaba por las demás estancias parecía no molestar el sueño de las otras. Eran unas pequeñas oseznas. Entré en la misma, apoyándome para ver a las pequeñajas observando cómo dormían.

Era verlas y volver a ese día en el que supe que tendría no uno, sino dos renacuajas que pondrían patas arriba mi vida.— No sabéis la que os estáis librando ahí abajo, vuestro abuelo está haciendo su show de la noche… vuestros primos le siguen y… bueno. Vuestra abuela es complicada..—Sin quererlo volvía a estar hablando con ellas a solas, abriéndome por completo a las dos dormilonas.— ¿Sabéis? Cuando estabais aún dentro, de mi vientre digo… Uhm tuve una charla con vosotras antes de casarme con el que creía que era vuestro padre. Supongo que va siendo hora de que sepáis una cosa de vuestra mamá. Cometí un gran error aquella vez, no por la boda porque estaba preciosa...—Sonreía mientas observaba como se movían adormiladas.— Sino porque… la persona que quería en el altar, era la misma que me hubiese gustado que me cogiese como Tarzán y me llevase de ese sitio. Si, daddy exacto. Y ahora… ahora lo veo y es cómo, joder, llevo tanto tiempo pillada por ti que ahora es verte y desear tenerte ahí siempre.—Suspiré apoyando ambos codos sobre las cunas en las que ambas estaban ya por su quinto sueño.— Amo a vuestro padre, demasiado… y espero que vuestra abuela no venga ahora a darme el tostón. Porque entonces explotaré. No entiende que fue la primera persona real que encontré en esta ciudad, la misma que me robó el aliento… y la misma a la que me dediqué a buscar antes de irme a Australia porque… le quería. Y ahora más..— Toqueteé los muslos de ambas por lo apachuchables que me resultaban.— Así que guardadme este secreto, ¿eh? Que vuestro padre es el hombre más importante de mi vida y que después de lo que ha dicho ahí abajo…. Os traería más hermanos..—Reí mientras seguía pendiente de ellas.

Sinceramente estaba completamente perdida en mi charla con aquellas dos que entenderían nada y menos, pero necesitaba desahogarme en un sitio lejos del ruido. Cuando estuve con Boris aquella noche, intenté de buscarle de vuelta justo cuando volví a la ciudad. No le encontré. Supuse entonces que eso que había dicho tenia razón, que simplemente sería un encuentro casual de una noche y que jamás volveríamos a encontrarnos. Yo no perdía la esperanza, era el chico que me gustaba y al que quería llegar a conocer más. Sin embargo, me fui a Australia, dónde encontraría a un dolor de cabeza que se convertiría en eterno. Ya para cuando Boris y yo retomamos el contacto, cada uno estaba pendiente de su propia vida sentimental. Nunca tuvimos la oportunidad de ver lo que hubiese ocurrido si hubiesemos seguido el tonteo de aquella noche en la que le conocí. Pero ahora podia ver lo que hubiese supuesto seguir con aquel rubiales, habría estado saliendo única y exclusivamente con él, lo tendría solo para mí y además le daría lo que más querría, a esas dos renacuajas. Al final ni me acordaba que tenia que buscar a mi madre, me quedé ahí hablando con esas dos, contándoles efectivamente lo muy pillada que estaba por aquel rubio que seguía dejándome sin palabras.




And i promise
to love him
for the rest
of my life



Husband goals:

Hey:

Christmas:
Elisabeth A. Maier
avatar
Localización :
NY State of mind

Volver arriba Ir abajo

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.